4.11.10

Enseñar a pensar

Sir Ernest Rutherford, presidente de la Sociedad Real Británica y Premio Nobel de Química en 1908, contaba la siguiente anécdota:

Hace algún tiempo, recibí la llamada de un colega. Estaba a punto de ponerle un cero a un estudiante por la respuesta que había dado en un problema de física, pese a que este afirmaba rotundamente que su respuesta era absolutamente acertada.
Profesores y estudiantes acordaron pedir arbitraje de alguien imparcial y fui elegido yo.
Leí la pregunta del examen y decía: Demuestre como es posible determinar la altura de un edificio con la ayuda de un barómetro.
El estudiante había respondido: Llevo el barómetro a la azotea del edificio y le ató una cuerda muy larga. Lo descuelgo hasta la base del edificio, marco y mido. La longitud de la cuerda es igual a la longitud del edificio.
Realmente, el estudiante había planteado un serio problema con la resolución del ejercicio, porque había respondido a la pregunta correcta y completamente.
Por otro lado, si se le concedía la máxima puntuación, podría alterar el promedio de su año de estudio, obtener una nota mas alta y así certificar su alto nivel en física; pero la respuesta no confirmaba que el estudiante tuviera ese nivel.
Sugerí que se le diera al alumno otra oportunidad. Le concedí seis minutos para que me respondiera la misma pregunta pero esta vez con la advertencia de que en la respuesta debía demostrar sus conocimientos de física.
Habían pasado cinco minutos y el estudiante no había escrito nada.
Le pregunté si deseaba marcharse, pero me contestó que tenía muchas respuestas al problema.
Su dificultad era elegir la mejor de todas. Me excusé por interrumpirle y le rogué que continuara.
En el minuto que le quedaba escribió la siguiente respuesta: Tomo el barómetro y lo lanzo al suelo desde la azotea del edificio, calculo el tiempo de caída con un cronometro. Después se aplica la formula altura = 0,5 por A por t^2. Y así obtenemos la altura del edificio.
En este punto le pregunté a mi colega si el estudiante se podía retirar. Le dió la nota mas alta.
Tras abandonar el despacho, me reencontré con el estudiante y le pedí que me contara sus otras respuestas a la pregunta: "Bueno," respondió, "hay muchas maneras, por ejemplo: tomas el barómetro en un día soleado y mides la altura del barómetro y la longitud de su sombra. Si medimos a continuación la longitud de la sombra del edificio y aplicamos una simple proporción, obtendremos también la altura del edificio."
Perfecto, le dije, ¿y de otra manera?
"Si," contestó, "éste es un procedimiento muy básico para medir la altura de un edificio, pero también sirve. En este método, tomas el barómetro y te sitúas en las escaleras del edificio en la planta baja. Según subes las escaleras, vas marcando la altura del barómetro y cuentas el número de marcas hasta la azotea. Multiplicas al final la altura del barómetro por el número de marcas que has hecho y ya tienes la altura. Este es un método muy directo. Por supuesto, si lo que quiere es un procedimiento mas sofisticado, puede atar el barómetro a una cuerda y moverlo como si fuera un péndulo. Si calculamos que cuando el barómetro está a la altura de la azotea la gravedad es cero y si tenemos en cuenta la medida de la aceleración de la gravedad al descender el barómetro en trayectoria circular al pasar por la perpendicular del edificio, de la diferencia de estos valores, y aplicando una sencilla fórmula trigonométrica, podríamos calcular, sin duda, la altura del edificio. En este mismo estilo de sistema, atas el barómetro a una cuerda y lo descuelgas desde la azotea a la calle. Usándolo como un péndulo puedes calcular la altura midiendo su período de precesión.
"En fin," concluyó, "existen otras muchas maneras. Probablemente, la mejor sea tomar el barómetro y golpear con él la puerta de la casa del portero. Cuando abra, decirle: 'Señor portero, aquí tengo un bonito barómetro. Si usted me dice la altura de este edificio, se lo regalo'."
En este momento de la conversación, le pregunté si no conocía la respuesta convencional al problema (la diferencia de presión marcada por un barómetro en dos lugares diferentes nos proporciona la diferencia de altura entre ambos lugares) evidentemente, dijo que la conocía, pero que durante sus estudios, sus profesores habían intentado enseñarle a pensar.
El estudiante se llamaba Niels Bohr, físico danés, premio Nobel de física en 1922, mas conocido por ser el primero en proponer el modelo de átomo con protones y neutrones y los electrones que lo rodeaban. Fue fundamentalmente un innovador de la teoría cuántica.
Al márgen del personaje, lo divertido y curioso de la anécdota, lo esencial de esta historia es que LE HABÍAN ENSEÑADO A PENSAR.

Por cierto, para los escépticos, esta historia es absolutamente verídica.

Aprendamos a pensar, hay mil soluciones para un mismo problema,
pero lo realmente interesante, lo auténticamente genial es elegir
la solución más práctica y rápida, de forma que podamos
acabar con el problema de raíz...
y dedicarnos a solucionar
OTROS problemas.

30.10.10

Cien frases del buen colombiano, ¿las ha oído o dicho alguna vez?

1. A mi me gustan las cuentas claras y el chocolate espeso
2. Uno no es monedita de oro para caerle bien a todo el mundo
3. Píntemela a ver y yo le digo cuantos pares son tres moscas
4. Ni que estuvieramos bravos
5. Durmió conmigo anoche o que, que no saluda
6. Hum, pero si esos dos son uña y mugre
7. Me la puso de pa´rriba
8. Que se va de playa, ¿no?
9. Hum, sobese que no hay pomada
10. Tengo un filo que si me agacho me corto
11. ¿Está que se las pela?
12. Y de principio que desea garbanzo o arveja
13. ¡Quite d íai!
14. Bueno se me van bajando del bus aquí todos
15. ¿Quien pidió pollo?
16. ¿Que hay pa´hacer? Pues empanadas que es lo que más se vende
17. ¡Ay no se me coloque asi!
18. Nanay cucas
19. Esto está más largo que una semana sin carne
20. Vayase por la sombrita
21. Hum, lo visto pero no lo alimento
22. Hum... comete alguito
23. Uy se ve que se toma la sopita
24. ¿Cómo está? Regular tres cuartos...
25. No, si nos tocó raspar fiesta como hasta las 5 de la mañana
26. Pilas..vengo pidiendo via como toyota nuevo en carretera destapada
27. Me sale lo comido por lo servido.
28. Oiga champion...
29. Eese man baila como un trompo
30. Hum, lo que le diga es mentira
31. ¿Y que? ¿Eso ya está listo?... Obvio si eso ya sale pa´pinturas (o pa´la foto)
32. Tan chistoso usted, ¿es que acaso tomó caldo de payasito?
33. Te vi
34. Uuuuyyyyyyyy se nos creció el enano
35. Dele chancleta
36. Hum, ese huevito quiere sal
37. Eso era puro ria que ria
38. No me abra los ojos que no le voy a echar gotas
39. No me levante las cejas que no voy a pasar por debajo
40. ¡Dichosos los ojos!
41. ¡Me extrana!
42. Milagrazo chinazo
43. ¿Qué se dice gente?
44. Chaos
45. Quiubos
46. Mi hace el favor y le baja al tonito
47. ¿Cómo va el trabajo hermanito? En la lucha, moliendo duro
48. ¡Hay que estar mosca papá!
49. Pa' que, pero ese man tiene madera...
50. Esa hembra está mas arreglada que muchacha de servicio en domingo
51. Porque sabe que hermanito, yo lo tengo entre ojos
52. Oiga usted que come que adivina
53. Hum, usted si mata un marrano a cantaleta, ¿no?
54. Mugre que no mata engorda
55. Lleguemosle a eso hermanito
56. Hum ese man es mas picado que muela de gamín
57. ¿Qu' está haciendo? "Aquí moliendo duro y parejo hermanito..."
58. Oiga sarnido, ¿quá se dice?
59. Uy, ese man si tiene suin
60. Tengo un filin...
61. ¡Jóven aún!
62. El que tiene tienda que la atienda
63. Aquí no se trabaja, ¡pero se goza que da miedo!
64. Usted está MFT, hum, pues miando fuera del tiesto
65. Hum, ya dijo...
66. Hum, no me alegro, ¡pero si me da un fresquito!
67. ¡Ese man está quecha chispas!
68. Hum, es que yo no le he contado, a mi me embiste la tecnología
69. Tengo una miada que me sabe la boca a champaña
70. Esa vieja es mas fea que un carro por debajo
71. Tiene mas patas que un chance
72. Pa' las que sean papa
73. A esta vaina no le cabe un tinto (en transmilleno)
74. Pongase chanclas
75. Tocó almorzar corrientazo
76. A ese man lo dejaron mirando paentro
77. Esa vieja sí que es guapachosa
78. El viejito esta capando cementerio o le pusieron la pijama de madera o lo pusieron achupar gladiolo
79. ¿Cómo se llama tu nombre? ¿dónde vive tu direccion?
80. Sr. taxista, lleveme al centro pero pilas con el muñeco en el taximetro
81. Señoras y señores, en el día de hoy les vengo ofreciendo la promocion de la rica y deliciosa fruna una en doscientos y tres en quinientos para mayor economía lleve seis en mil, el producido de esta venta es para pagar el arriendo ayudar en la comidita de la casa y el colegio de mis otros 8 hermanitos
82. ¿Sumerce se le ofrce algo?
83. Hagase el marica... y así se queda
84. Tome pa' la gaseosa (propina)
85. ¿Mono le limpio el vidrio?
86. Chilla más que un camionado de pollos
87. La cucha y el catano
88. Juega más que gato chiquito
89. Tome cervecita pa' que tenga que orinar
90. Un buen colombiano no orina solo
91. Vecina me da ñapa (vendaje encime etc.)
92. Juemadre, juemichica, jueldiablo y todos los juez que ud. ha escuchado
93. Mujer que no joda es hombre o tiene mozo
94. Jincho pero contento
95. Me eché un motoso
96. Le rompieron la cara y parte del rostro
97. Se rumbiaron a la hija del Felipe ese
98. Le llenaron la barriga de huesitos por andar de patisuelta
99. Indio patirajao
100. Dele forguar a este imeil pa que lo leigan en el ciberespacio

25.10.10

Las telenovelas ayudaron a homogeneizar el idioma español

Por Lucila Sigal. Buenos Aires, 24 oct (EFE)

Las telenovelas han hecho grandes aportes a la homogeneización del idioma español al utilizar un lenguaje comprensible para todos los televidentes, dijo hoy a EFE el director de la Real Academia Española, Víctor García de la Concha. "Las telenovelas han contribuido mucho a neutralizar, a homogeneizar el español porque utiliza un lenguaje perfectamente inteligible por parte de todos los televidentes", explicó. Sin embargo, en una telenovela mexicana, un joven puede decir con toda naturalidad que va a tomar un "camión" para buscar a una "chava", algo que en boca de un argentino, por ejemplo, sería que va a tomar un "colectivo"para buscar a una "chica". García de la Concha matizó que si bien existen diferencias, todos pueden entender una telenovela porque el significado de los distintos términos "se deduce fácilmente del contexto". "Queremos ver cuáles son las normas de las grandes centrales de doblaje y de producción de estas series (...) Este tema está en estrecha relación con lo que llamamos la transversalidad del español, una lengua en la que todos podamos entendernos", subrayó. El académico español viajó a Buenos Aires para presentar el III Congreso Internacional de la Lengua Española, que se celebrará entre el 10 y el 13 de noviembre de 2004 en la ciudad de Rosario, a unos 300 kilómetros al norte de la capital argentina. García de la Concha también habló de los efectos sobre el idioma español de la emigración hispana a los Estados Unidos y fue contundente al decir que el famoso "spanglish" es un "mito comercial". "Es una lengua de laboratorio (...). Lo que sí existe es lo que se llama un fenómeno conocido en el mundo de la lingüística que es el de lenguas en contacto. Un idioma convive con otro y se están influyendo mutuamente", destacó. "Pero esa mezcla es absolutamente variada porque no es la misma la del Bronx de Nueva York que la de Chicago o la de California. Son completamente distintas y son mudables porque esa persona a medida que vaya conociendo el idioma irá perfeccionando su inglés y se convertirá en un bilingüe", agregó. Explicó que este fenómeno también se aplica al llamado "portuñol", es decir, la mezcla entre el español y el portugués. Por otro lado, García de la Concha dijo que otra situación de lenguas en contacto se da entre las indígenas y el español, donde éste último es utilizado como el idioma común a todos. "Muchas de las comunidades indígenas utilizan el español para entenderse entre sí (...). Los grupos de las 21 lenguas mayas, de la familia maya, que se hablan en Guatemala, por ejemplo, utilizan como lenguaje común al español", recordó. "En el plano de los estudiosos es una relación óptima porque los primeros especialistas en lenguas indígenas de América son académicos de la lengua española en las mismas comunidades", agregó. Con respecto a la presencia en internet, el director de la Real Academia Española reconoció que el español va por detrás de lenguas como el inglés y el francés, un idioma hablado por muchos menos de los 400 millones de hispanohablantes del mundo. "El motivo es que los pueblos iberoamericanos han llegado tarde a la revolución tecnológica, pero el índice de crecimiento muestra una curva ascendente", señaló García de la Concha. Por otra parte, el académico reconoció que el "inglés es una lengua dominante, que ocupa amplísimos espacios en el campo de la comunicación tecnológica, científica, del comercio, de las finanzas y eso hace que parezca que están avasallando". Pero "el español es un organismo vivo y, como tal, tiene salud y después pequeños catarros. Es una lengua en expansión, como es clarísimo hacia los Estados Unidos y Brasil", indicó. Para García de la Concha, cada hispanohablante debe ser responsable de su contribución al patrimonio común del español, que constituye una parte central de la identidad de los pueblos. "Más que un problema del español, habría que hablar de problema de los hispanohablantes y el sentido del empobrecimiento de uso que hacen de ese patrimonio riquísimo, acumulado a lo largo de siglos", concluyó.

6.10.10

Voces del uso periodístico actual

Por: José Perona Jesús Ferrero
La Verdad, 15 de febrero del 2004
La aparición del Nuevo diccionario de voces de uso del español actual, (Editorial Arco/Libros, S.L., Madrid, 2003) de Manuel Alvar Ezquerra, continuación del anterior de 1994, es un inventario impagable de la forma en que los periódicos más importantes de España y de algunos de los más importantes de Hispanoamérica nombraron el mundo de finales del siglo XX. El volumen, de 1.371 páginas, recoge 23.604 citas de palabras usadas en la prensa en más de cinco ocasiones como mínimo, palabras que se definen brevemente. No es un diccionario alternativo del Diccionario de la Real Academia Española, sino, como indica su autor, complementario. Prueba de ello es el índice de 1.286 de palabras y acepciones que se han incorporado al diccionario académico desde la primera edición de 1994.

Leyendo por encima la inmensa base de datos que contiene el libro, cabe resaltar la cantidad de palabras compuestas, una de las formas que tiene la lengua española para crear neologismos. Destacan por su amplitud las palabras que empiezan por los elementos compositivos y prefijos: auto-, bio-, ciber-, eco-, euro-, neo-, pseudo/seudo-, psico-, anti-, hipe -, in- inter -, mega-, micro-, mini-, pos/post-, pre-, pro-, re-, semi-, super-, ultra- etc.

De muestra, un botón. Las palabras compuestas por el prefijo anti– ocupan 50 páginas a doble columna y abarcan una gama infinita de estar en el mundo a la contra, mucho más allá de su primigenio uso médico:
antiabertzale
antiaborto
antiactriz
antialcalde
antiamericano
antiárabe
antiatlantista
antiautovía
antibakalao
antibelicismo
antiborbónico
anti buen rollo
antiburgués
antiburocrático
anticaca
anticacos
anticapitalista
anticaprichista
anticarisma
anticastellano
anticastrista
anticatalán
anticaza
antichino
anticiencia
anticinematográfico
antiClinton
anticoche
anticolonialismo
anticomercial
anticonstitucional
anticultural
antidogmático
No menos extensa es la nómina de anglicismos. Dado que el diccionario recoge las palabras de las páginas de la prensa referidas al automovilismo (aquaplaning, break), los negocios (business center, call girl), el cine (hardcore,making off), los viajes (superpex, conmuter), etc. e incorpora a su inventario revistas de decoración, de cosmética, de modas, de medicina, de tráfico, de psicopediatría, de naturaleza, amén de las páginas especializadas de los periódicos, los anglicismos abundan. Y puesto que es un diccionario de uso urbano (por eso aparecen palabras como cinturón rojo, downtown, macrociudad, macrourbe, megaciudad, megaurbe, superurbe, midtown, skyline, urbanícola, urbicidio, zona residencial), no es extraño. En la mayoría de los casos, los nuevos objetos, las nuevas enfermedades, las nuevas modas, vienen de la metrópoli imperial y como sucedió en otro tiempo con los arabismos o los galicismos, pasará mucho tiempo antes de que los anglicismos se adapten a la fonética española o se pierdan como nombres de modas transitorias. Así se explican los numerosos anglicismos del lenguaje de la informática (encriptar, enrutador, intranet, extranet, frame, genechip, groupware, i-worm), del deporte, especialmente del golf y del tenis (ace, bowling, break, fair-play, fly-surf, fourball, grand slam, greensome, hat trick, lob, major, paddle, play off,swing, wrestling), de los deportes de nieve (boarder cross, carving, snowcar) y del mar (round robin), la música moderna (rap, rave, rhythm and blues, scratch, smahsh house, thrash), de la economía y la bolsa (rating, chartista), de la ropa (burka, t-shirt), la moda (casual, gypsy-chic, street-fashion, victim-fashion) y los tejidos (camel, elastane, hot-pants, lúrex, tindari, tweed), de los sentimientos (feeling) de las patentes, de la televisión, del cine, de las nuevas marcas comerciales.
Otras palabras de uso recogidas en este diccionario y todavía no incluidasen el DRAE son grammy, mueble bar, alcaldable, reposabrazos, teletrabajo, fotorreportaje, genómico, mundialización, emilio (e-mail), así como numerosos arabismos presentes en la prensa y en la calle desde la Guerra del Golfo y desde la aparición en España de la nueva emigración de origen africano. Estamos, pues, ante un neoespañol, según la definición de Lázaro Carreter. Un español apresurado, urbano, propio de clases medias que, casi sin excepción, han abandonado u olvidado las ruralia, las voces tradicionales del campo y de la primera industrialización. Un español periodístico, trufado de anglicismos, a veces necesarios, a veces no, que necesita, tanto para las noticias como para los comentarios, nuevas palabras. Nuevas palabras que marcan una especie de aroma de la época: la construcción de la nueva Europa, las nuevas tendencias sociales del ocio y del turismo (acampada, botellón, burro taxi, motoesquí, turismo de aventura, turismo ecológico, turismo médico), el prestigio medioambiental (autosostenible, biocultivo, corredor verde, ecotasa, reserva natural), el retorno a la ecología (ecobús, ecodesarrollo, trekking, verde), el respeto por los demás (comercio justo), el impacto de la electrónica y las nuevas tecnologías (acelerador lineal, browser, chat, comecocos, conectividad, digitalizar, mensaje electrónico, e-commerce, edificio inteligente, infojerga, internauta), la preocupación por el cuerpo y la enfermedad (body building, cuerpo danone), la fascinación por los dinosaurios (la dinosauriomanía), las nuevas profesiones (nursera), las relaciones laborales (contrato basura), etc.
Al mismo tiempo, se crean, mediante elementos compositivos y prefijos, sustantivos y adjetivos para el debate, la descalificación, la admiración, la crítica. No hay político o personaje público (que sale en televisión) que no tenga su adjetivo (calificativo o descalificativo), y así nos encontramos con:
aboterado
agatizar
alanismanía
anguitista
buñuelesco
landismo
manzanesco
maragalliano
menemismo
versacesco
yelsinista o felipanco
giliada
mandagüévico
pinochear
polancomaquia
pujolandia
roldanizar
tejerada
Ni club de fútbol (carbayón, madridismo, pepinero, periquito, pucelano, vikingo, zaragocista). Ni moda social (madre de alquiler, swinger). Ni lo que se llama fenómeno sociológico (antisistema, insumiso, okupar, baby boom). Este diccionario, a medio camino entre los diccionarios especializados de lenguas técnicas y científicas y el diccionario de la RAE es un síntoma de que lo que se llama español urbano entra en una nueva fase: la estandarización del léxico periodístico de todo el ámbito de la lengua española.

27.9.10

Mark Lund





Mark Lund's detailed interior lifestyle photography plays upon the modern idea of "home".
His advertising campaigns for Cisco, LG, Chase, Best Buy, Sony, Samsung, Canon & Philips explore the ways we live with technology in the home. His food and lifestyle images have been featured in advertising for IKEA, Target and Wal-Mart.
Guided by a midwest upbringing- his images of modern americana present lifestyle in relaxed, precisely composed moments.
Mark is represented by Bernstein & Andriulli in New York City, where he lives with his wife Alyssa and daughters Hayden and Story.

24.9.10

Tras el último sueño, con pánico y a carcajadas


De chico le fascinaron los cristales, materia sólida a través de la cual se transparenta y a veces se desdobla y multiplica la realidad. Su escritura supo respetar esa fascinación temprana y nos legó una forma de espiar lo invisible. Aprendimos de él las frases truncas que se abren a nuevas instancias, supimos del juego peligroso de acechar el conocimiento prohibido. "Como un relámpago articulante que cuaja el cristal en un acaecer sin tiempo."


Por mi parte, poseo un cristal Cortázar y a veces lo contemplo a trasluz e intento compartirlo con otros. Se trata de un sueño, de un sueño recurrente. Julio me lo contó en diciembre del '83 en una larga tarde neoyorquina, a punto de volar de vuelta a París, y después para él fue lo que ya sabemos y su ingreso a aquello que no podemos saber: la muerte.


Han pasado veinte años. Un lapso que nos mueve a creer que por fin vamos a entender las cosas como pretendo entender aquel sueño. Veinte años después, dice Dumas padre y nos muestra la otra cara de los mosqueteros; veinte años no es nada, dice el tango y sin embargo todo ha cambiado; correrá un río de sangre y vendrán veinte años de paz, dice la profecía de don Bosco para la Argentina, que conviene revisar para que no se repitan los horrores. Veinte años tardó Ulises en regresar a Itaca. Y han pasado veinte años de aquel 12 de febrero tan lamentado. Como si se hubiera apagado una luz. Nos quedan los resplandecientes reflejos que irradia la caleidoscópica escritura de Cortázar. Y en el inasible tiempo, atrapado como en ámbar, el último sueño recurrente sigue palpitando allí donde los hechos y las cosas están a punto de transformarse en algo que ni siquiera podemos entrever.


Así es el mundo Cortázar, territorio de lo umheimliche, lo casero-siniestro; hay que irse asomando con cuidado.


Como aquella tarde mientras Julio me decía, con suave voz de arrastradas erres, que necesitaba tomarse un año sabático para escribir su novela. Pero tantos compromisos previos con los compañeros en Nicaragua, y ese encuentro de escritores en La Habana, y después un viaje a Buenos Aires para visitar a su madre, se lo impedían. Andaba con problemas de salud, y la novela esperándolo. "Me la debo, de distintas revistas me piden cuentos, obras de ficción, y con lo mucho que me gustaría escribirlos opto por mandarles un texto sobre los problemas latinoamericanos." Pero la novela, la novela... Fue el artículo determinante lo que me permitió arriesgar la pregunta que sospechaba "perdedora" de antemano. Quien alguna vez dijo que se sentaba a la máquina de escribir sintiendo sólo un impulso y emprendía la labor "como quien se saca de encima una alimaña", quien dijo de la obra que lo había consagrado en el mundo: "yo seguía escribiendo un libro del que no sabía casi nada", ¿qué me iba a contar de algo que era apenas una intención? Sin embargo le pregunté si tenía idea del argumento, y la respuesta que recibí como un regalo la repito porque es iluminadora de manera tangencial, cortazariana. No, me contestó Julio entonces; no tenía ni el menor atisbo del tema o del clima de la futura novela. Pero estaba convencido de que estaba ya armada en su cabeza, perfecta, completa. Se le había aparecido en un sueño recurrente en el cual el editor le entregaba el libro impreso, y al hojearlo él se sentía feliz. Por fin había podido decir todo lo que nunca antes había podido, aunar mundos, atravesar barreras, fusionar de la manera más limpia y menos dogmática aquello tan difícilmente fusionable en literatura: sus paralelas vidas de escritor y de activista político. Y no sólo eso: había encontrado por fin el acceso directo a lo inefable, a aquello que había estado persiguiendo toda su vida.


Y (hizo una pausa, atento al desconcierto que podía producirme lo que vendría) en el sueño no le sorprendía en absoluto que el libro impreso estuviera compuesto tan sólo por figuras geométricas: perfectas, elegantes y armónicas figuras geométricas. Un libro mucho más claro y comprensible que cualquiera de los otros nacidos de su pluma.


No sé si registrarlo acá (táchese si no corresponde) pero, naturalmente, una coincidencia (las coincidencias tan caras al autor de Octaedro) saltó en aquel instante. Porque me vi precisada a contarle que camino a nuestro encuentro yo había entrado en una librería para buscar un libro de Oliver Sacks que, pensé, le interesaría. Pero el libro estaba agotado. Sobre una mesa de saldos vi otro que despertó mi curiosidad y decidí comprármelo al regreso. Su título: Geometría Sagrada. Mis intuiciones, se ve, funcionan a medias. Quizá ocurra lo mismo con las intuiciones en general y aquello que Cortázar interpretó como un libro futuro estaba ya diseminado a lo largo y lo ancho de su obra.


Puedo pensar esto último ahora, veinte años después, en el entrecruzamiento de las improbables coordenadas que damos en llamar tiempo y lenguaje. "Rara baraja", habría dicho Julio, como el turbio encuentro surrealista del paraguas y la máquina de coser. La mesa de vivisección, lugar de la cita, podría ser en este caso el propio escritor que quiso verle el revés a las palabras, descubrir todo lo ominoso que las palabras enmascaran con una sonrisa, como él diría. Muchos años después, Baudrillard hablaría de la transparencia del mal que se deja vislumbrar tras los dichos y los hechos. Cortázar escuchaba ese latido sordo, Cortázar desesperadamente se enfrascó en una búsqueda que no muere con él, que renace con cada lectura y cada día porque las efemérides también tienen sus caprichos, tienden a encuentros fortuitos y en este 2004, al mismo tiempo que los veinte años de su muerte, se cumplen noventa de su nacimiento. Cifras redondas, cabalísticas, que hablan de las dos puntas imbricadas que él intentó siempre reconocer en simultaneidad, la muerte colándose en la vida para hacerla más viva. Porque su geometría no es la euclidiana, tan cómoda para la explicación, es la geometría del Secreto, aquella de los símbolos móviles, cambiantes.


En 1997 apareció una edición limitada, sólo para amigos, del llamado Cuaderno de Zihuatanejo, donde Cortázar menciona un sueño muy anterior --como un preanuncio del volumen final del que me habló-- que parecería ser premonitorio de la muerte. En ese libro, en una entrada de agosto de 1980, dice: "¿Cumplo hoy, tantos años después, lo que no fui capaz de hacer cuando soñé repetidamente ese sueño de la rue de L´Eperon? Porque en ese sueño yo abría siempre un cajón del escritorio y sacaba el texto [...] En el sueño el Libro era un enorme manuscrito como los que sin duda escribían San Buenaventura y Guillaume d´Occam y Roger Bacon y Pierre Abelard, grandes páginas de cincuenta por cuarenta centímetros, [...] mi libro final escrito con tinta negrísima y caracteres que nada tienen que ver con mi letra de la vigilia, algo no gótico pero decididamente arcaico, una especie de runas absolutamente ininteligibles para mí inclinado sobre el Libro con la indecible maravilla de estar comprendiendo que mi obra había llegado a su fin y era eso".


Por fortuna su obra no había llegado a su fin, aunque sí era y siguió siendo eso. Porque con temeraria inteligencia supo tejer en el lenguaje cotidiano una red de cazar significados. En el libro de conversaciones con Omar Prego, Cortázar cuenta cómo, de muy niño, le gustaba dibujar palabras en el aire, disfrutar de las formas inasibles de las palabras que disfrazaban otras palabras. En cada una de sus obras Cortázar nos da a entender que el vacío no es tal, todo lo contrario. Mejor dicho, es todo lo contrario y el vacío: una y la misma cosa.


Hoy, partiendo de Lacan, se dice que el ser humano es un extranjero en la casa de nadie: el lenguaje. Cortázar pudo haberse reído de tamaña pretensión porque supo llevar su extranjería al extremo y al mismo tiempo pareció sentirse perfectamente at home en la casa de nadie. Como nadie. Traductor de los mundos.


Grandes de la literatura han caminado el difícil filo hasta tocar con la punta de los dedos el vértigo de lo inefable. Pocos o ninguno lograron la mirada doble del que está inmerso en la búsqueda y a la vez observa al que busca y de a ratos se burla de ambos. Johnny Carter y su abominable biógrafo, ¿quién de los dos es el verdadero Perseguidor? Oliveira y Traveler, y todos los personajes que se encuentran en la ciudad de sueños de 62, en un modelo para armar que se nos desarma en las manos y se rearma a cada instante para brindar nuevas figuras donde el vampirismo es sólo una anécdota más de todo lo que estamos a punto de entender, con pavor. El horror y el humor bailan al unísono, no los une solamente la muy aspirada hache de la ironía cortazariana, también el espanto los une: "se explicará como en broma para despistar a los que buscan con cara solemne el acceso a los tesoros". Es un salto al vacío, posición postexistencialista que ávidos lectores de los años 60 acogieron como propia, rayueleando entre la tierra y el infierno, y donde se vieron en espejo. En espejo oscuramente, como por supuesto alentaba el maestro. Hoy podemos seguir compartiendo su búsqueda eterna, porque mucho más allá de Rayuela, de los inolvidables cuentos, de toda su obra de reflexión, está la apuesta que el sueño de la perfecta geometría pretendió clausurar pero para felicidad y angustia de todos los humanos --lectores y no lectores?sigue abierta: las palabras son lo único que tenemos, las palabras no alcanzan para comprender el misterio de la vida y de la muerte, pero son el andamiaje y tenemos que intentar alzarlo lo más alto, lo más excelsamente posible. Respetando el Misterio. Con pánico y a las carcajadas. Como nos enseñó Cortázar

Por: Luisa Valenzuela

19.9.10

Todos tenemos un Cortázar dentro nuestro


El próximo jueves se cumplirán veinte años de la muerte del gran escritor argentino y, en agosto, los noventa de su nacimiento. A modo de homenaje, Ivonne Bordelois evoca la figura y la obra del autor de Todos los fuegos el fuego y Luisa Valenzuela brinda un testimonio sobre la novela definitiva que "Julio", ebrio de absoluto, quería escribir meses antes de morir.

Julio Cortázar sufrió una doble excomunión en la cultura argentina: como representante de una apertura nueva y audaz en el campo de la imaginación, fue amordazado por el Proceso, pero también fue menoscabado por las valoraciones sesgadas, en lo político y en lo literario, que se abrieron paso después del Proceso. Arlt remplazó a Borges y Puig a Cortázar en los programas (o pogromos) académicos oficiales, como si la literatura argentina fuera una casa para escasos moradores. No se le perdonó su antiperonismo, como luego tampoco se le perdonarían su castrismo o su anticastrismo. Pero lo cierto es que el admirador de Keats, que dejó un libro tan espléndido como ignorado sobre su encuentro con el poeta inglés; el gran cuentista de "El perseguidor" y "Las puertas del cielo", el escritor conmocionante de Rayuela, el ensayista, lúcido e incendiario a la vez, de Ultimo Round y La vuelta al día en ochenta mundos, el poeta desconocido que todavía aguarda una lectura, merecida pero hasta ahora postergada, el Cortázar capaz de todos esos rostros nos ha dejado marcados para siempre, con todos los fuegos del fuego. Y también es Cortázar en nuestra memoria el hermano mayor que abría caminos compartiendo lecturas y revelaciones, el gran amigo, el de la voz clara que preservaba la infancia y señalaba los destinos borrascosos de la historia latinoamericana, el que podía hacer circular un manifiesto apasionado a favor de los desaparecidos y escribir una carta de conmovida admiración a Susana Rinaldi.
Traductor de Gide y de Chesterton e intérprete oficial en la Unesco, fue capaz de ser amigo de Octavio Paz y también de Fidel Castro, adherente a la Revolución Cubana cuando lo sintió necesario y denunciante cuando lo supo necesario. Fue arriesgado, dispuesto al cambio, cordial y vital: un hombre a tono con las difíciles condiciones de su tiempo, con el cual se comprometió y en el cual se inspiró para crear una escritura nueva, íntima en ocasiones, a veces coloquial, otras veces erótica o lúdica, iluminada por grandes acentos de desgarramiento humano y de piedad e indignación profética. Una decidida vocación de universalidad lo impulsaba a una actividad omnívora que abarcaba enormes y sustanciosas lecturas e inspiraba la familiaridad con plásticos sobre los cuales dejó importantes escritos, un gran amor por la música contemporánea, la libertad de experimentación manifiesta en sus colecciones o invenciones de juguetes y máquinas imprevisibles, la voluntad permanente del viaje, el arraigado y diferente sentido del humor. También lo guiaban la curiosidad y el interés con que seguía los experimentos de percepción extrasensorial, y su propia capacidad para ponerse en contacto con las zonas limítrofes del conocimiento.
Generacionalmente, Cortázar representa el último embate de la vanguardia latinoamericana, cuando trastrueca el género narrativo en ese proyecto extraordinario que es Rayuela, una obra que debe tanto, por su capacidad de transformación del lenguaje y de las técnicas narrativas, a autores tan diversos y opuestos como Witold Gombrowicz, Leopoldo Marechal y James Joyce. Con los autores contemporáneos comparte el propósito de hacer de la literatura un objeto de la literatura, pero se aleja del acostumbrado cinismo posmodernista, y de las consignas que imponen lo light y lo cool como mandamientos supremos de la estética moderna, por su apasionamiento indomable y su búsqueda permanente de absoluto. Cortázar concibe la literatura, en la huella de los románticos alemanes y los surrealistas franceses, y en el ámbito de las teologías heterodoxas del hombre nuevo, como una experiencia capaz de transformar al hombre a través de una revolución radical de lo imaginario y del lenguaje. Lo interesante fue su manera de cuestionarse a fondo, a través de las dos revoluciones a las que adhirió, la surrealista y la socialista, sin traicionarse nunca a sí mismo. Siguió así un camino solitario entre opciones erizadas de dificultades, rupturas y malentendidos. Lo llamaríamos, sin desmedro ni ironía, un utopista crítico y un memorable maestro; pero también lo recordamos como un mentor irreverente, un defensor leal y valiente de autores incómodos o aparentemente marginales, como Marechal, Martínez Estrada y Pizarnik; un permanente vigía de lo desconocido, y un escritor imprescindible en el mapa de nuestra literatura.

Entrañable fue la amistad entre Cortázar y Pizarnik, en el París de fines de los sesenta. Acaso ella había explorado más a los medievales y él supiera más de jazz, pero lo importante es que en esa generación aparece, con ellos dos, un lector argentino mucho más universal, ávido e irreverente que los anteriores, a caballo entre el francés y el inglés, incorporado a la tradición latinoamericana de dialectos urbanos y de rechazo del español académico. Un lector abierto, además, a un nuevo tipo de poética transgresora, que en la década del cincuenta no había hecho aún su irrupción visible entre nosotros. Ninguno de los dos se deja contener en la huella de Borges, y su exploración por las fronteras de lo irracional o lo perverso tiene que ver con una suerte de insubordinación frontal con respecto a la estética de los círculos oficiales en aquel tiempo. Una sublevación permanente late en los escritos de ambos, salpicados de citas esotéricas, salvoconductos de un mundo dinamitado que exploraban con pasión insobornable. Les interesaban los escritores europeos contestatarios o diferentes: Beauvoir, Pasternak, Schulz, Gombrowicz. Ellos mismos habían asumido el riesgo de la marginalidad, internándose en un París fascinante pero también feroz, sumamente distinto y distante de los círculos porteños, emisores de fáciles seguridades, y los dos habían emergido de esta prueba como nombres fuertes, emblemas de encuentro para una nueva generación sedienta de un lenguaje que funcionara como documento de identidad epocal.

Verdaderamente extraordinaria es la lectura que hace Pizarnik del cuento de Cortázar "El otro cielo", (Todos los fuegos el fuego,1966). De este artículo ha dicho con razón Cobo Borda que es "el más perspicaz de los artículos de Pizarnik": un texto "donde la sombra de Lautréamont sobrevuela como un vampiro sobre su presa". La lectura de Pizarnik es vertiginosa: una espiral negra que se va hundiendo en un giro de interpretaciones cada vez más profundas, sometiendo cada párrafo a una vuelta de tuerca ulterior, hasta que el ajuste, impecable, se vuelve de algún modo irrespirable. No estamos leyendo una crítica, sino que nos sumergimos en una atmósfera de densidad asfixiante, pero también alucinatoria. Los lugares de paso son metáforas de lo ominoso: "Galerías y pasajes serían recintos donde encarna lo imposible", acotará Pizarnik con su inimitable precisión para apuntar al sentido secreto de los símbolos.

El pasaje, físicamente representado por una galería, se da entre el relator, un opaco corredor de Bolsa que se traslada oníricamente de París a Buenos Aires, y sus dos dobles: un asesino que acaba por ser atrapado y un muchacho sudamericano que carecerá de nombre, como el protagonista, pero en quien se bosqueja una suerte de autorretrato del mismo Cortázar. "Un hombre joven, muy alto y un poco encorvado" que habla el francés "sin el menor acento", y "parece un colegial que ha crecido de golpe". El asesino es desenmascarado y sentenciado; simultáneamente, el muchacho sudamericano muere, oculto en su bohardilla, tan misterioso y solitario en su final como a lo largo de su trayectoria bohemia. El protagonista siente que las dos muertes son simétricas. Como lo anota Pizarnik, "el corredor de Bolsa logra eximirse de las más terribles confrontaciones con la locura y con la muerte; sin embargo, entiende que con ello dejó pasar la ocasión de salvarse de no sabe qué cosa." Aquello de lo que hubiera podido salvarse es, precisamente, la oscilación entre París y Buenos Aires, el tercer exilio real que proviene del espacio híbrido que habita, el "perdurar indefinidamente en la ambigüedad". "El protagonista afirma que no se atrevió a dar el paso definitivo. A lo cual agrego una conjetura propia: no importa si no se animó a dar el paso definitivo porque alguien lo ha dado en su lugar. Ese alguien es su doble: un poeta que se extravió en la busca de las cosas que nos conciernen fundamentalmente." Porque en realidad el sudamericano es una proyección de Lautréamont, el autor del epígrafe con el que Cortázar encabeza el relato, sin aclararnos su origen.

En el criminal, Lautréamont también ha desplazado su veta de asesino inconsciente; en el muchacho sudamericano, que vive y escribe, como él, en una bohardilla parisiense, su fervor por la noche, la poesía y la disolución. El protagonista de Cortázar queda en un limbo irresoluble: eco lejano, desprovisto a la vez de la crueldad del asesino y de la soledad misteriosa, desembocando en muerte, del muchacho sudamericano bebedor de ajenjo. Dividido entre Buenos Aires y París, el corredor de Bolsa --apelación siniestra si las hay-- desaparece en un destino de penumbra sin espejos, imagen de una muerte definitiva. Porque el doble es la garantía de la inmortalidad: "el mentís definitivo a la omnipotencia de la muerte", como lo ha dicho Otto Rank.

El criminal y el poeta mueren juntos, en un escombro de ruinas circulares. Pero el corredor de Bolsa, a su vez, ha quedado sin pasaje al otro cielo, ya que sus dobles, que en realidad son sus creadores, no están más allí para convocarlo: no es quien viene primero sino quien se aventura más en el territorio de la noche humana el que detenta el poder de crear a su doble. Golem deshabitado, el corredor de Bolsa caminará como un autómata, porque se ha negado o no ha tenido el coraje o la insensatez de responder a las invitaciones extremas de la locura y de la muerte. Tales confrontaciones, como sabemos, no fueron ajenas al destino de Pizarnik que, como Lautréamont, no se negó al paso definitivo, privilegio de aquellos "que buscan las cosas que nos conciernen fundamentalmente".

Algo de la indecisión cortazariana se refleja en su diálogo con Prego, en La fascinación de las palabras:

"Prego: Como escritor, ¿creés tener algún defecto insanable?
"Cortázar: Sí. No tener el coraje suficiente para llevar adelante algunas experiencias que he entrevisto en el campo mental y que no he traducido, no he llevado a la escritura porque he sentido que rompía totalmente los puentes con el lector. Y si el lector me era totalmente indiferente en mi juventud, ahora no lo es."

Mucho queda por decir sobre el sentido misterioso de las experiencias a las que se refiere Cortázar. Algunos testimonios suyos, sin embargo, nos empujan a un paisaje cercano a ese lugar de lo imposible en que fermenta toda gran poesía. Acaso él y Pizarnik también fueron dobles mutuos, desafiándose en un camino de audacias y riesgos por los que ambos pagaron alto precio. Cada uno a su modo, ambos fueron fieles a la búsqueda de las cosas que nos conciernen fundamentalmente.
Por Ivonne Bordelois